16 sept. 2009

Crónica 15 de septiembre

Los golpistas jamás se imaginaron que llegarían al 15 de septiembre, día de la independencia, con tantas dificultades para desplegar el aparato mediático que cada año pretende mostrar que vivimos en una república libre, independiente y democrática. La realidad es muy otra. Desde 1821, la oligarquía criolla hizo del Estado su patrimonio y conspiró para consolidar un entramado político que, a través de los vaivenes de la historia, se las ha arreglado para mantener los privilegios de unos pocos frente a la exclusión de las grandes mayorías.

En un ambiente tenso, pero sin violencia, se han celebrado desfiles paralelos en todo el país. En Tegucigalpa, en el Estadio Nacional, tuvo lugar el acto cívico militar más importante organizado por el gobierno de facto. Aunque en honor a la verdad, tuvo mucho más de militar que de cívico. Marchas de guerra, paracaidistas, tanquetas, aviones, soldados… también algunos colegios, especialmente los de enseñanza privada. A pesar de que los organizadores se esmeraron en presentar un espectáculo vistoso, desplegando toda la parafernalia militar, las graderías no se llenaron, como era habitual en años anteriores. Por el contrario, la marcha convocada por la resistencia en la capital fue más numerosa de lo esperado; probablemente la más nutrida desde la tarde aciaga del aterrizaje abortado al presidente Zelaya y el asesinato de Isis Obed Murillo.

Las fuerzas policiales tratan de evitar que la resistencia haga mucho ruido, pero no pueden contener la presión popular que pacíficamente se expresa en cada rincón del país. Actos de repudio al golpe militar se multiplican en Honduras. Se registraron marchas cívicas en resistencia contra el golpe de estado en Tocoa, La Esperanza, San Pedro, Santa Barbara, Santa Rosa, Lamaní, Candelaria, El Progreso, Siguatepeque, La Entrada, Sonaguera… Desde todos estos lugares, periodistas improvisados reportan sus crónicas a Radio Progreso que, en un programa especial repleto de momentos emotivos, recoge los testimonios que confluyen desde todo el país a esta emisora. El Padre Melo, director de la radio, expresa su optimismo ante un despliegue tan alentador de la resistencia popular: “nunca más las marchas del 15 de septiembre volverán a ser lo que eran antes … a partir de ahora construiremos una forma nueva de celebrar y buscar la verdadera independencia”.

A pesar de pacifismo militante de los que se oponen al golpe de Estado y claman por la vuelta a la institucionalidad democrática, algunos incidentes son inevitables, casi siempre por la torpeza de quienes están acostumbrados a ejercer su prepotencia con intolerancia y fuerza desproporcionada. Uno de lo sucesos más llamativos se produce en la ciudad de El Progreso. Bartolo Fuentes, regidor electo de la municipalidad por el izquierdista partido Unificación Democrática, pidió el micrófono para dirigirse a los presentes en un acto oficial de la comuna progreseña. Sin faltar al respeto pero con firmerza denunció la ruptura institucional generada el 28 de junio. Obviamente sus palabras no gustaron: “siento profunda vergüenza en este quince de septiembre por la manera cómo se están celebrando estas actividades patrias, mientras secuestran al presidente de la república, mientras se rompe todo el orden constitucional…” Inmediatamente, Alexander López, un alcalde incompetente y arribista cuyo único mérito es ser un vasallo político de Micheletti, ordena cortar el sonido; Bartolo fue bajado por la fuerza del estrado, golpeado, arrestado por la policía y dirigido a las bartolinas de las fuerzas de seguridad. Horas después el regidor sale libre ante un centenar de personas que lo reciben exultantes. Otra torpeza más de quienes con su brutalidad no despiertan otra cosa que la indignación de la población. El argumento de la policía para detenerlo es que lo hacían para protegerlo. Ya se sabe como son los gobiernos represores: todo lo hacen por nuestro bien.

Está claro que en Honduras se juega mucho más que el retorno de un presidente, cuyo mandato ha sido truncado de manera violenta e inconcebible en pleno siglo XXI. Se juega, entre otras cosas, la posibilidad de dar un salto desde una sociedad cuya cultura política es todavía pre-democrática, autoritaria y clientelista a una cultura ciudadana asentada en las libertades individuales y colectivas.

Para muestra de la relación del pueblo con sus autoridades sirva un botón: los vendedores ambulantes de El Progreso recibieron ayer una circular de la directiva de su asociación, quien a su vez fue presionada por la municipalidad. En esta circular se conmina a todos los vendedores estacionarios (los que venden hot dog, helados, tortillas, etc., en las calles) a que se presenten uniformados de azul y blanco para el desfile oficial organizado por la municipalidad. La amenaza es explicita: “el que no vaya a marchar, se le levantara el puesto el día miércoles”. Así trabajan las autoridades en este país. Perciben y tratan a los supuestos ciudadanos como si fueran siervos de la gleba. Transitar de este estado de semi-esclavitud a una ciudadanía plena es el verdadero reto: no se pelea por seguir a Mel Zelaya en sus desvaríos populistas, sino por rechazo a un sistema que nunca ha sido democrático ni de lejos.

El chantaje de la clase política es a veces más sutil y apela al tradicionalismo de este pueblo, por ejemplo a su religiosidad, en ocasiones profunda pero muchas veces terriblemente ingenua. En el programa televisivo estelar de los domingos, el periodista Edgardo Melgar entrevistó a tres diputados creyentes, es decir, cristianos no católicos. Durante una hora dijeron tal cantidad de sandeces que cuesta trabajo reproducir el tono de la entrevista sin sentir vergüenza ajena. En síntesis, explicaron como Honduras ha sido escogida por Dios para anunciar un mensaje al mundo, amenazado por sujetos como Hugo Chavez. Muestra de la mano de Dios en todo esto es, según una dama muy bien peinada que se dice legisladora, el pronto reconocimiento que recibimos de Israel, el pueblo escogido por Yavhé. ¿Alguien puede creer que esto es serio en pleno Siglo XXI? ¿No resulta una infamia jugar con la pretendida ignorancia de una población, a costa de argumentos que no es posible que se crean quienes los esgrimen? ¿No estarán poniendo el listón intelectual de la población hondureña demasiado bajo?

Es posible que el bipartidismo se haya pasado de la raya, como lo demuestran las impresionantes manifestaciones del día de hoy. Es posible que estén infravalorando a un pueblo que ya no puede creer, como antaño, que nacer y vivir en la Honduras de la desigualdad es una dicha inenarrable, por la que debemos estar eternamente agradecidos a nuestros políticos que nos protegen de plagas bíblicas como el comunismo o el anarquismo. La gente ya no se la traga. Cuando sale un ex ministro y nos explica que nuestra Constitución es una pieza jurídica tan perfecta que costará años entender a la comunidad internacional, son muchos más los que se ríen o se avergüenzan que los que se admiran. Por cierto que hoy mismo Micheletti, al tiempo que dijo perdonar a quienes están confundidos por doctrinas equivocadas, recomendaba a los políticos de todo el mundo que se leyeran con detalle la Constitución hondureña. Sólo le falta sugerir que la pongan en las mesitas de los hoteles, junto con la Biblia, para deleite del mundo civilizado.

Buena parte de una población tradicionalmente desentendida de la polítiqueria, despierta ahora a una nueva conciencia. Se da cuenta de que detrás de esta pretendida democracia no hay otra cosa que una pandilla de trileros capaces de cualquier ignominia para seguir enriqueciéndose, mientras las mayorías perviven en la miseria.

Pero de aquí a capitalizar este suceso nacional para construir otro país diferente todavía hay mucho trecho. Marvin Barahona, el mejor historiador de su generación, expresa en un estupendo artículo publicado en la Revista Envió su esperanza de que este golpe ayude a consolidar “a un actor político y social que en el siglo XX no alcanzó el poderío necesario para amenazar el status quo”. ¿Será este el acontecimiento clave para propiciar la ruptura histórica que esperábamos? Es posible, pero conviene no lanzar las campanas al vuelo. El bipartidismo siempre ha sido muy hábil para capitalizar a su favor cualquier cosa que pareciera amenazarlo. Aunque la impresión, y la esperanza, es que en esta ocasión han medido mal las consecuencias de sus actos, y el tiro les están saliendo por la culata.

Al menos, eso parece cuando uno ve la sorpresa con que empresarios golpistas como Benjamín Bográn reciben la noticia de que no pueden entrar en Norteamérica. Tan nerviosos se ponen que acaban balbuceando cosas sin demasiado sentido. Fito Facusse, por ejemplo, dice que en adelante irá a Brasil, un destino que a su hijo le apasiona (¿).

Una declaración de Hillary Clinton llegaba ayer al país. Significativamente no iba dirigida al gobierno, a quien no reconoce, sino al conjunto del pueblo hondureño. Con motivo de la fiesta de la independencia, reafirma su amistad con el mismo y hace votos por un pronto retorno a la democracia. Más claro ni el agua. Aquí el que se pierde es porque quiere. Sólo hay una salida a este callejón: la restitución del presidente.

Con o sin ella, nadie nos quita la satisfacción que sentimos un día como hoy. Por primera vez el día de la independencia se cierra con la alegría que confiere la dignidad y la esperanza. Los hondureños y hondureñas tienen ante sí una oportunidad histórica que no pueden ni deben desaprovechar. De ello depende el futuro de nuestros hijos e hijas.

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